La Reserva de San Lorenzo no es solo un paisaje. Es un ecosistema vivo, un refugio de biodiversidad y un espacio donde la naturaleza aún late con fuerza propia. Por eso, su regulación no es una restricción: es un acto de cuidado.
Con la nueva normativa, reafirmamos nuestro compromiso con la preservación del monte nativo, la protección de la fauna y el uso responsable de los espacios naturales. Cada sendero delimitado, cada señalización y cada regla establecida buscan un equilibrio claro: que podamos disfrutar sin dañar.
La reserva es hogar de especies autóctonas, de cursos de agua que nacen en las sierras y de una flora que forma parte de nuestra identidad. Cuidarla es cuidar nuestra historia y nuestra calidad de vida.
La regulación establece pautas claras para:
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🌱 Preservar el bosque nativo y evitar intervenciones indebidas.
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🚶♂️ Ordenar el uso recreativo mediante senderos habilitados.
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🔥 Prevenir incendios y reducir riesgos ambientales.
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🐾 Proteger la fauna silvestre y su hábitat natural.
No se trata de limitar la experiencia, sino de garantizar que quienes caminen hoy estos senderos puedan hacerlo también dentro de 10, 20 o 50 años.
San Lorenzo entiende que el desarrollo y la conservación deben ir de la mano. La Reserva es un tesoro común. Y como todo lo que es de todos, merece respeto, conciencia y participación.
Porque proteger la naturaleza no es una opción.
Es una decisión colectiva que define el pueblo que queremos ser. 🌄🌿



